La derecha y la inmigración

PEDRO MIGUEL LAMET

Publicado en REVISTA 21 (06/2008)

 

 

Después de cuatro años de absurda división frente a ETA, parece que los partidos se han unido tras los recientes atentados. Buena noticia es también la detención de varios miembros de la actual cúpula de la criminal organización terrorista. Sin embargo el contexto resulta problemático: el giro hacia del centro del presidente del PP, Mariano Rajoy está provocando una tormenta en las filas de la derecha española, como la dimisión de la venerada líder vasca, María San Gil, y el enfrentamiento de Esperanza Aguirre con Rajoy, la incorporación al nuevo equipo de Gallardón, el apoyo a este de Fraga, las insinuaciones de Aznar, la dimisión de Ortega Lara. En fin, ¿qué está pasando en el principal partido de la oposición? Y todo esto ¿cómo repercutirá en la siempre inquietante política vasca?

Desde mi observatorio sólo hay una explicación. Mariano Rajoy, que siempre me pareció un hombre honesto y un buen gestor aunque sin madera de líder, se encontraba atado de pies y manos  por quien hasta hoy  no había dejado de mandar en el PP: José María Aznar. A él que tenía que agradecer su designación, una vez que este descartó del delfinato a figuras que podrían hacerle sombra como Rato y Gallardón.

Rajoy se ha pasado cuatro años tapándose las narices para hacer la oposición que no le gustaba, pero le pedía este sector bastante cerril y incluida la postura ante el espinoso tema del terrorismo. Ahora, tras el fracaso electoral, Mariano se está sacando la espina e intenta ser él mismo, un político de centro derecha. El problema es que en la purga están saltando hecho astillas valores que se consideran consolidados en SU partido. Aunque afortunadamente también estamos presenciando algo que debería ser lo normal en este país: que todos aparezcamos unidos frente a ETA.

¿Qué va  a suceder a la derecha española?  Se verá o se vislumbrará en el próximo congreso del PP. Algunos opinan que lo que pretende Rajoy, incluso por encima de postular su propia candidatura, es dejar el terreno abonado a una tendencia menos troglodita, dado que las mayoría de los españoles siempre votamos centro, de izquierda o de derecha. Tal movimiento parece suponer la caída definitiva del aznarismo, si es que sus partidarios no se revuelven y consiguen resucitar su línea. En todo caso el candidato que aflore de todo este proceso o será nuevo y refrescante o no será. A mí se me antoja que Rajoy se da cuenta de todo y lo que está haciendo, no sin malos tragos, es construir esa pista de despegue a esa nueva estrella todavía sin rostro.

La huida hacia delante del lendakari Ibarretxe con su pantomima de diálogo con Zapatero y su lunática consulta sobre autodeterminación al pueblo vasco se han visto dinamitadas  por los atentados de ETA, y  por las detenciones de destacados miembros de esta organización. Paradójicamente ambos acontecimientos debilitan al PNV y al nacionalismo en general, pues la sociedad vasca y el resto de España están ahítos de tanta sangre y tanta palabra vana. Los de este partido no pueden evitar que se les note que en el fondo le entristezcan las detenciones de estos vascos violentos abertzales y ex batasunos. Afectan su estudiada equidistancia.

Mientras, los socialistas se frotan las manos con una oposición dividida, demasiado ocupada para afrontar importantes asignaturas pendientes: el agua, el Estatuto de Cataluña, la financiación de las autonomías y sobre todo la crisis económica, a la que por fin llamamos por su nombre. Los que van a sufrir de veras esta situación son los más débiles, los que tienen que llegar a fin de mes con una triste pensión, los parados cuyos indicativos se están disparando y sobre todo los inmigrantes.

El panorama de este colectivo se ha oscurecido con las decisiones del gobierno Berlusconi. Este señor con cara de plástico, después de una redada de inmigrantes sin precedentes y a pesar de las críticas públicas de María Teresa de la Vega, tiene muy claro que los “sin papeles” son delincuentes, como acaba de aprobar su gobierno. Ante las duras palabras de nuestra vicepresidenta,  los italianos aseguran que en España se ha reducido un 70 por ciento de entrada de ilegales, por lo que Zapatero, sin decirlo, estaría últimamente practicando una política más  dura en inmigración. Se teme que esta medida italiana lance más inmigrantes hacia España y otros países europeos. De hecho la Unión Europea debate ahora endurecerse en este tema.

Sea como fuere, y desde una óptica no ya cristiana sino meramente humana, deberíamos despertar de este horrible sueño. Equiparar inmigrantes con delincuentes, cerrar esta finca de ricos que es Europa a los más pobres, olvidar que también nosotros fuimos emigrantes, ignorar que muchas mujeres españolas pueden trabajar gracias a que sus “sin papeles” cuidan de sus niños y sus ancianos; que cogen los trabajos que los españoles no queremos, o que la Seguridad Social aguanta gracias a ellos, es simplemente demencial, egoísta y miope.

El racismo de Berlusconi por ejemplo con los gitanos –parece que quiere crear un gueto semejante a los que se hicieron con los judíos- recuerda situaciones superadas de la Alemania nazi, cuando incluso cabe la posibilidad de que podamos ver en la Casa Blanca a un negro, si la carrera que de Obama en las primarias no se estrella en las urnas definitivas.

¿Hablaron sobre estos temas el Ejecutivo de la Conferencia Episcopal en su reciente visita al Papa? ¿Está Benedicto XVI de acuerdo con el apoyo sistemático de la cúpula actual de la jerarquía española a ala más radicalizada del PP y con su modo de relacionarse con el gobierno? El mantenimiento de Jiménez Los Santos y de César Vidal en sus programas en la Cope revela que no ha cambiado por el momento en su estrategia de alineamiento político. Ahora resulta que para la Cope el bendito de Mariano Rajoy es un peligroso demonio. Y dichos puntales de la cadena de emisoras de la Iglesia, con todo respeto a sus opciones personales –no se trata de eso sino de una radio confesional-, son un agnóstico y un pastor protestante.

Para terminar dos noticias opuestas, pero igualmente reveladoras de cómo siguen conviviendo en nuestro mundo el trigo y la cizaña. Por un lado, el colmo del egoísmo y la bestialidad que puede alcanzar el ser humano, encarnado en el llamado “monstruo” austriaco que enterró en vida en un sótano a su hija para violarla sistemáticamente durante veinticuatro años, sin que ella ni sus hijos vieran la luz. Y la capacidad de ilusión y fe en el futuro, incluso en un país latinoamericano con muchos problemas, que representan las Orquestas Juveniles de Venezuela, merecedoras  del Premio Príncipe de Asturias.  Pues"con una destacada calidad técnica y artística, más allá de lo meramente cultural", según el jurado, "se han convertido en un excepcional movimiento social y educativo para la difusión del arte". En ellas participan más de 15 mil profesores de distintas nacionalidades que han impartido clases a más de 600 mil jóvenes y niños de Venezuela, en especial a los de escasos recursos. Música para la paz, la justicia, la vida.